
La entrevista: Quim Pons
JOAQUIM PONS RIBAS, 62 anys. Educador social i teolego. Jesuïta de la Capella Sant Joan Baptista de Badalona.
Hoy conversamos con Quim, responsable de la comunidad de la capilla San Juan Bautista y nuevo voluntario del espacio de acogida de la Fundació los martes por la tarde.
Quim, explícanos una poco sobre ti...
Ahora llevo 34 años en la Compañía de Jesús. La primera etapa fue de formación y me saqué los estudios de teología, después estuve trabajando unos 15 años en el mundo de la Migración. Pedí ir a los campos de refugiados de África y en ese momento coincidió toda la problemática en Ruanda y me pidieron ir a la frontera, a los campos de refugiados del Congo,...
Al volver de África estuve un tiempo viviendo en el barrio de la Salut Alta de Badalona, mientras hacía los dos años de licenciatura de teología en Sant Cugat. Estuve cinco años en la dirección de un centro de acogida en Mataró, en el centro Sant Pau. Y durante la tercera parte de la formación, fui a México.
Al volver aterricé en la Fundación Migra Studium, que entonces empezaba a arrancar, donde estuve 10 años. Después empecé en la parroquia “Virgen de Bellvitge” y colaborando en la escuela Joan XXIII y desde este julio pasado he vuelto hacia La Salut Alta.
¿Por qué has vuelto a aterrizar en la Salut Alta? ¿Fue una decisión personal?
Personal, personal, no... Hace un par de años, dos de los tres compañeros que había en la comunidad de La Salut Alta, se pusieron enfermos. Uno de ellos murió y el otro está delicado, entonces sólo quedaba Isidre en el piso y como estaba solo, decidieron poner la comunidad en pausa y que durante un tiempo fuera un piso de acogida de la red de Hospitalidad. Al final, después de dos años y a punto de cerrar el piso, decidieron no hacerlo porque Badalona es un punto muy significativo y apostaron por mantener a la comunidad de Jesuitas en el barrio y proponer si otro querría venir. Y yo, en ese momento, me ofrecí por venir.
En tus otros destinos pasados, ¿con qué colectivos habías prestado servicio? ¿Qué es lo que hacías?
Cuando estuve en África, estuve con los refugiados ruandeses, la mayoría eran ex militares y muchos genocidas con una carga importante de muertes encima, pero decidimos trabajar con aquellas personas que estaban totalmente dejadas, niños, mujeres. Y fuimos allá donde nadie iba.
En Mataró era población subsahariana, sobre todo gente de Gambia, Senegal y Mali. El centro de acogida por africanos Sant Pau, cambió de nombre para llamarse Centre Sant Pau, ya que iba llegando gente del este y el nombre no correspondía a la realidad.
En Migra Studium acompañamos a gente de todas partes.
Y ahora, cuál es tu misión en el barrio de La Salut Alta?
La misión en la Salut Alta, es ser responsable de la comunidad cristiana en la capilla San Juan Bautista. A Isidre lo conoce todo el mundo y participa más en el barrio y yo soy el responsable de la comunidad que con la capilla, es una comunidad abierta al barrio.
Además, ¿la Fundació te ha hecho algun encargo? Explicanos
Sí, los martes por la tarde me estreno aquí en la acogida de la Fundació. Yo creo que es una ventana abierta en la que recibes a la gente y te obliga a conocer los servicios de la ciudad. A través de las demandas de la gente se puede informar o derivar a otros servicios que ofrece Badalona. Me sirve para conocer más a fondo la Fundació e ir compartiendo espacios con el equipo, puesto que también estoy en la comisión de espiritualidad.
¿Qué crees que puedes aportar al barrio y a la Fundació Salut Alta?
Implicarme en la vida comunitaria y sobre todo poder estar conjuntamente con la comunidad, poder imaginar cómo construir comunidad cristiana en un mundo tan cambiante y un barrio que nos interpela en cantidad de necesidades.
El hecho de vincularme a la Fundació es por no seguir caminos paralelos, sino volver al origen de la Fundació que venía de la mirada de la comunidad frente a la necesidad del vecindario. Primero empezó el Mijac, después el refuerzo y se hizo mayor hasta que nació la Fundació. Creemos que es importante que la relación sea más estrecha entre la comunidad y la fundación y que haya más puentes de encuentro. Que nos conozcamos más, interactuemos más, entre la comunidad cristiana y la fundación. En resumen, soñar cosas conjuntamente.
Así que de momento, puedo aportar mi disponibilidad, a raíz de mi experiencia que tengo, ponerla al servicio de la comunidad, el barrio y las necesidades que vamos encontrando. Ilusión y ganas están ahí.
¿Cómo te gustaría que fuera la relación entre la Fundació y la capilla?
Como decía, sentirnos una misma comunidad. Ya que estamos implicados en el barrio, desde la perspectiva creyente de la fe y la humana, ir construyendo un barrio más solidario, más justo...
¿Qué piensas de un barrio como La Salut Alta? ¿Cómo lo descrivirias?
Yo vengo de un barrio cota cero. Es un barrio llano, llano... y llegas a ese barrio y todo son subidas. Aunque yo llevo 24 años en este barrio, pero cuando llegué aquí, era totalmente diferente. Primero por las personas. Cuando llegué por primera vez había mucha inmigración de Andalucía, Extremadura y son los que crearon el barrio.
Lo que he encontrado al volver ha sido un barrio muy cambiado. Incluso en la comunidad cristiana, encontrarme pakistaníes o de otras nacionalidades que son cristianos.
También me ha sorprendido cómo se ha ido empobreciendo el barrio. Las entidades bancarias han desaparecido todas. Hace años aquí había mucho dinero por todo el comercio mayorista y todo esto ha desaparecido. Los comercios de toda la vida también han cambiado. Ahora aquí arriba la mayoría de los comercios son de propietarios marroquíes, chinos o pakistaníes. La fisonomía del barrio de la parte baja a cuando vas subiendo aquí arriba va cambiando. Antes en la plaza Antonio Machado había muchos bancos para sentarse, los sacaron... En definitiva, te encuentras un barrio muy duro.
Para acabar, ¿un sueño para la Salut Alta, para la Fundació y para el barrio?
Tuvimos la misa de inicio de curso y yo les decía que nuestra comunidad me recuerda mucho a este dicho de Galeano y que vosotros tenéis escrito en el muro del otro local de Pau Piferrer “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, podemos transformar el mundo”.
Yo estoy convencido que la iglesia del futuro serán pequeñas comunidades y la capilla ya es un poco un icono de lo que podría ser la iglesia del futuro. Podemos transformar a nosotros mismos nuestro entorno. Y lugares como el nuestro apuntan a lo que será el futuro, pequeñas comunidades de forma sencilla que abren los ojos a su alrededor y se implican en la realidad en la que viven. A mí me gustaría acompañar a la comunidad en este proceso tan amplio. Que abramos los ojos y nos dejemos conmover por la
realidad que pasa.
Entrevista hecha por Lídia Solé.