
Abrir la puerta a los que "llegan"... y a los que ya están desde hace tiempo
Estamos viviendo la peor crisis de refugiados de la historia. 59.500.000 personas que, a causa de la persecución, los conflictos, la violencia generalizada o la violación de los derechos humanos se ven obligados a salir de sus hogares en busca de un futuro incierto. Esto supone un número sensiblemente mayor a la población de España, que cuenta con menos de 46,5 millones de personas.
Es un número sin precedentes que se une a una tendencia al alza (en los últimos tres años el número de personas desplazadas se incremento un 40%) que no hace más que empeorar la situación.
Casi una de cada cuatro personas refugiadas en el mundo es de origen sirio. Pero Siria no es el único foco intenso de origen. Más de la mitad de las personas refugiadas son de alguno de estos tres países: Síria, Afganistan y Somalia. Estas cifras son alarmantes y, no obstante, dejan fuera a muchos otros que también se ven obligados a dejar su hugar en busca de un futuro incierto. ACNUR, todo y reconocer la dificultad por distinguir entre un inmigrante y un refugiado, dice que “un inmigrante cuenta con la protección del gobierno de su país de origen”, mientras que la persona refugiada no. Esto nos hace reflexionar que existe una línea muy fina entre refugio y migración. En muchos casos, personas que solicitan el asilo no ven reconocida su condición de refugiado, viendose privados de los derechos que se derivan, convirtiéndose en ese momento en inmigrantes en el país de acogida.
Acoger a las personas que llegan a nuestros barrios, no es solo proporcionar techo y comida. Queremos trabajar el acompañamiento y la orientación para fomentar el proceso de integración de estas personas a nuestro país. La acogida y el acompañamiento forman parte de la esencia de nuestro trabajo como entidad y son fundamentales para generar cambios a favor de la solidaridad y la inclusión.
Nuestra mirada va más allá de soluciones momentáneas y a corto plazo. Estamos convencidos que comprender las causas del fenómeno migratorio, entender a las personas que se encuentran en camino y dejarse afectar por su realidad es fundamental para generar cambios profundos, que nos comprometan con la justicia y la igualdad.
Nuestro criterio de universalidad se concreta aquí en la necesidad de no hacer distinción entre personas refugiadas y/o inmigrantes en otras circunstancias. Como entidad queremos ayudar a que la corriente de solidaridad hacia los que huyen de la guerra no excluyan, sino que se haga extensiva a otros colectivos vulnerables, que han abandonado sus países.
Nuestra aportación puede situar para ampliar la protección en un triple eje:
Ámbito temporal: la protección ofrecida por el Estado tiene una duración limitada de aproximadamente 6/9 meses, con la cual cosa, en la etapa posterior habrá (ya la hay actualmente) una importante necesidad de acogida y acompañamiento.
Alcance: mientras que la protección inicial incide en las necesidades básicas (alojamiento, mantenimiento, educación, etc.), sabemos que el proceso de integración requiere muchos soportes sostenidos en el tiempo: idioma, soporte escolar, tejido relacional, etc.
Tenemos ya en la actualidad situaciones muy precarias de solicitantes de asilo, a los que a día de hoy no llega ningún tipo de soporte, por saturación del sistema. De la misma manera, hay problemáticas y grupos específicos: menores, mujeres solas con hijos, víctimas de trato, personas en situación irregular sin domicilio, etc. que han de ser incluidas en esta respuesta.
También es cierto que la acogida y soporte a los procesos de integración de las personas inmigrantes sería incompleta si no fuera acompañada de un esfuerzo por informar y sensibilizar a la sociedad sobre las causas de los movimientos de personas, y de una acción en el ámbito de la incidencia pública, para cambiar las políticas estatales (mejora y ampliación substancial del sistema público de asilo, legislación de estrangería, etc.), europeas (acceso seguro, política de visados…) e internacionales (corredores humanitarios, comercio de armas, financiación de ACNUR, aumento de la ayuda humanitaria, etc.). Esto lo hacemos a través de la Red de Jesuítas y del JRS (Servicio Jesuïta al Refugiado).
El soporte a la labor de acompañamiento de las diferentes JRS a los lugares, donde se produce el desplazamiento, es fundamental. Por tanto, la solidaridad, que estos días busca movilizar, ha de incluir también soportes para el trabajo fuera de nuestras fronteras, que permitan una acción más completa e integral en el proceso de tránsito y refugio.