
La entrevista: José Antonio
Maestro por vocación, jubilado desde el 4 de noviembre de 2003, al día siguiente comenzó su voluntariado diario con los niños del Centre Obert.
“Venir aquí cada día y ayudar a dignificar a un niño, esto es gratificante!”
¿Cómo llegaste a la Fundació?
Trabajé de maestro en la escuela Pau Picasso durante 23 años, ya allí me di cuenta de que había niños recién llegados que eran muy buenos en asignaturas como música y gimnasio, pero no seguían bien las troncales. Se pidió a la Generalitat que les ayudara, pero no hubo respuesta.
Justo antes de jubilarme me enteré de que en los locales de la Capilla San Juan Bautista se quería empezar un refuerzo escolar con niños del barrio que tenían la misma problemática que yo había visto en la escuela. Le dije a Carles Riera: yo el 4 de noviembre de 2003 me jubilo, al día siguiente vendré aquí a echar una mano.
¿Cómo has vivido el crecimiento de la Fundació?7
Al principio éramos pocos y poco a poco ha ido creciendo. Ahora ya tenemos una educadora por cada 10 niños, y eso es muy importante.
También es bonito ver cómo van creciendo los niños que han empezado de pequeños y ahora ya están terminando la ESO. Un día hubo un niño que me preguntó: ¿pero tú cuánto cobras por venir aquí? Le dije que no cobraba nada, que lo hacía de manera voluntaria y ¡no se lo creía, no lo entendía! Con otra niña vi que no sabía leer ni escribir, pero hacía todas las operaciones rápido y de cabeza, ¡había aprendido por necesidad porque tenía que ir a vender con sus padres! Se aprende por necesidad. A ésta no la podían engañar.
«Vi que no sabía leer ni escribir, pero hacía todas la operaciones rápido y de cabeza, había aprendido por necesidad.»
¿Y qué es lo que más te gusta hacer en el Centre Obert?
¡Todo! ¡Sino no vendría! Si tuviera que decir algo, la música con los pequeños, es nuevo para ellos y disfrutan mucho. Con los de la ESO me gusta enseñarles matemáticas. Cuando tienen que hacer una ecuación nos ponemos los dos a hacerla, a ver si nos sale lo mismo. Y con esto se motivan.
Me gustan mucho las actividades como la del Día de la Paz, ver qué actitudes son de paz y cuáles de violencia con un juego. Los niños aprenden mucho y son de aquellas actividades con las que uno disfruta.
También hay momentos duros, a veces hay que decir cosas a los niños que no les gustan en el momento, pero sirven para aprender y deben hacerse a conciencia. Hay otros niños que te reclaman la atención, jugando a baloncesto piden un aplauso, y yo siempre pienso «si a los jugadores del Barça les gusta que les aplaudan, a ellos mucho más».
Como maestro, ¿qué diferencia ves entre la escuela y el Centre Obert?
¡La personalización! Y por eso me encanta colaborar con lo que pueda: enseñar a leer a un niño, a entender los problemas de matemáticas… Alguna vez, cuando les cuesta mucho, se puede pensar que estoy perdiendo el tiempo, pero sólo con uno que aprenda, ya estoy contento, estoy cumpliendo con mi función.
El hecho de poder tratar a los niños tan de cerca y uno por uno en todos los aspectos es muy rico y a los niños les ayuda mucho a crecer.
“Sólo con uno que aprenda, ya estoy contento”
¿Qué valoras del aprendizaje de los menores?
Me encanta que estos niños salgan adelante, se trabaja para prevenir lo que se puedan encontrar, los ves que aprenden unos valores y van creciendo, aprenden a saber ganar, a saber perder, a no ser tan competitivos, porque la vida es así y deben aprender a vivir con estos valores.