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José Antonio

José Antonio visto por los adolescentes

El 16 de septiembre de 2014 nos dejó José Antonio, el voluntario más GRANDE, en todos los sentidos, de la Fundación.

Grande en edad.

Grande en sabiduría.

Grande en compromiso.

Grande en tenacidad.

Grande en valores.

Grande en muchos aspectos, que si nos fijamos, se entreven mucho mejor en los dibujos y palabras de los niños y el equipo:

Muchas gracias por habernos ayudado todo este tiempo.

Gracias por todo lo que has hecho, porque tú nos has enseñado a leer, a jugar con números, jugar al oso, la canción del marrameu, etc.

Te echaremos de menos. Muchas gracias por todo.

Me ha ayudado con los problemas y las operaciones.

Te echamos mucho de menos.

Ayudaba, era divertido.

Estoy triste porque se ha ido.

Me ayudaba mucho a hacer los deberes, y también a hacer música y me enseñó música con la flauta.

Mis recuerdos de Jose Antonio

Un día, hace ya casi 11 años, me dijeron que igual venía al Centre Obert un maestro jubilado como voluntario, pero que no se podía incorporar hasta una fecha concreta.

 

Luego nos enteramos de que esa fecha era el día siguiente a su jubilación. Y desde entonces nos regaló todas sus tardes laborables.

Resultó, además, que conocía a mis padres, a menudo me preguntaba y me daba recuerdos para ellos. Siempre atento a todos: educadoras, voluntarios y voluntarias, niños y niñas y sus familias; a cada uno se nos acercaba preguntando por “nuestra gente”. Parecía revivir sus propias experiencias al acoger a los demás: “ponles música” (cuando los bebés aún no habían nacido), “a los 18 le regalé a mi hijo un cuaderno con lo que yo había ido escribiendo cada día desde su nacimiento”… ¡Cuántos tesoros nos has regalado!

Al principio hasta jugando a fútbol con los niños y niñas, animándoles a superarse y aplaudiendo cada básquet que metían, luego con la música, el juego del oso, tan sencillo como motivador para hacer que todos quisieran participar y aprender.

Y en el equipo educativo, siempre rebelándose: “que alguien no sepa leer… ¡NO PUEDE SER!”.

Con sus métodos, su paciencia, sus juegos, conseguía que los chavales preguntaran insistentemente “¿Hoy no me toca con José Antonio?”. Y les hacía avanzar a cada uno en lo que más le costaba.

Cuántos niños y niñas –algunos ya mayores– le han dicho: “José Antonio, ¡TÚ me enseñaste a leer!”. Qué buen legado para la humanidad, esa semilla de liberación que has dejado. Esto sí que es colaborar con la construcción del Reino.

 Gracias, José Antonio, de corazón.

Leed aquí la carta de uno de los adolescentes.